"La doncella no quería saber nada, absolutamente nada , del amor. Por ello hacía todo o posible para mantener su corazón a salvo, sin saber que el amor es más caprichoso aún que el mismísimo Cupido..."
Así reza la caja de este precioso Cuento de Amor por Correo.
No sé si me gusta más la ilustración, el cuento o la forma de contarlo.
El dibujo te llama, la historia te atrapa, pero la forma de ser contado es lo que lo hace único.
Cómo me gustaría ser la destinataria de uno de estos cuentos por postales. Cómo me gustaría que alguien se tomara la molestia y el tiempo necesarios para que, cada dos o tres días me mandara una postal.
Hace tanto tiempo que no recibo una postal...
Correos electrónicos, whatsap, de esos todos los que quieras, pero postales...postales ya ni en Navidad.
pero no toda la culpa es de los demás, yo tampoco lo hago, confieso, no mando una postal ni cuando salgo fuera, que son pocas veces, la verdad, pero tampoco lo hago.
Hace años, cuando todavía el extranjero era un mundo desconocido que empezaba en Segovia, empecé a coleccionar postales de los diferentes sitios a los que iba. Y las fui pegando en la parte de atrás de la puerta de mi habitación.
Iba construyendo un extraño collage, se mezclaban la Catedral de Sevilla con el Coliseo o la imagen de La Santina.
Pero a mí me gustaba mucho cerrar la puerta de mi cuarto y volver a viajar a todos esos sitios.
Porque de aquella no sólo las compraba, sino que me las enviaba a mí misma, por lo que normalmente llegaban a casa bastante más tarde que yo, con lo que la sorpresa era mayúscula pues ya ni me acordaba de ellas.
Y encima me ponía frases bonitas como: "me lo estoy pasando fenomenal en...", "Tienes que volver aquí, mira como nos divertimos..." y cosas así.
Sí que es verdad que las frases se escondían detrás del pegamento Imedio que las unía a la pared, pero como yo sabía lo que ocultaban no había ningún secreto entre mi puerta y yo.
Los años han pasado y yo me fui de mi cuarto, de mi casa y hasta de mi ciudad. Y no he vuelto a coleccionar postales, ahora colecciono imanes para la nevera de todos los sitios donde voy. Ni punto de comparación, que duda cabe...
Pero al ver estos Cuentos por Correo me vino esa melancolía que dan los años a los recuerdos, así que he decidido ponerme en contacto con la persona que sé que me quiere más que nadie en el mundo y que estará encantada de tomarse la molestia y su tiempo para enviarme cada dos o tres días un cuento-postal.
Además voy a decirle que no se olvide de añadir en un rincón de cada una de las postales una frase bonita dirigida hacia mí.
Y manos a la obra: me levanto, me dirijo hacia el espejo, me miro y me recito todas esas cosas que quiero que me haga mi otro yo: tomarme un tiempo para enviarme cada dos o tres días una postal, tomarme un tiempo para pensar en una frase bonita que me voy a escribir con cada una. Y cuando termine de enviarme postales, tomarme un tiempo para revelarme a mí misma que fui yo quien me las envió todas ellas.
Yo a cambio me comprometo con mi yo del espejo a que me tomaré un tiempo para leer cada postal que reciba, a que me tomaré un tiempo para agradecerme esa frase bonita dedicada a mí y que cuando mi yo del espejo me revele que fui yo la que me envió el cuento-postal me tomaré un tiempo para unir las imágenes de las postales y que la ilustración del cuento tome forma, y que cogeré el frasco de Imedio y las uniré por detrás y las pegaré en la parte de atrás de mi puerta, así cuando por la noche la cierre pueda recordar no sólo el cuento-postal sino también quien es en este mundo la persona que más me quiere.

Qué chulo! Y qué buena idea!
ResponderEliminarSí, son unos cuentos preciosos. Graciassss
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